Actualizar tu PC: Promesas del técnico versus la verdad
Es tema recurrente y de consulta muy frecuente: cómo puedo actualizar mi PC, que está muy lenta?
Los consejos de amigos «que saben un montón», notas técnicas en internet que muchas veces no son más que sugerencias remuneradas o simples posteos busca clicks, más las infinitas opiniones diferentes que tenemos los diferentes técnicos no hacen otra cosa sino confundirte y volver imposible una decisión que no debiera ser tan compleja.
Los amigos que tocan de oído, aún con las mejores intenciones, seguramente te aconsejarán hacer lo que a ellos, o a un conocido, les dió resultado. Cada técnico te ofrecerá su propia solución, de acuerdo asus conocimientos, su experiencia y su ética profesional: podría aconsejarte lo mejor para vos o, en algunos lamentables casos, sólo lo más conveniente para su propio bolsillo.
En definitiva la tecnología no escapa a las generales de la ley: si no querés malgastar tu dinero por tomar una decisión incorrecta, ni querés dejarte engañar inocentemente, lo único que podés hacer es informarte previamente por tu cuenta.
Cuestiones básicas
El procesador, la memoria RAM y el disco de sistema de tu computadora son, en conjunto, los responsables fundamentales del rendimiento general.
Repito, en conjunto. Me refiero a que, aunque la mejora de uno de esos 3 componentes puede mejorar el rendimiento de un dispositivo, el conjunto funcionará lo mejor que le permita hacerlo el peor de sus elementos.
Un procesador de ultimísima generación y súper potente no podrá hacer demasiado si el dispositivo tiene un disco HD obsoleto y dañado. El mismo procesador en un equipo con un muy veloz disco SSD o M.2, tampoco podrá desempeñarse al 100% de su capacidad si la memoria RAM es escasa o de baja velocidad. Y, el más común de los casos cotidianos: mucha memoria veloz con discos SSD ultrarápidos pero con un procesador obsoleto y limitado, tampoco da resultado.
Lo deseado es, al actualizar una computadora, que el dinero que se va a invertir se vea finalmente reflejado proporcionalmente en la mejora obtenida.
Los consejos más comunes I: Ponéle más memoria
Si bien es cierto que la disponibilidad de más memoria RAM agiliza el funcionamiento de una computadora, no siempre es una solución. Imaginemos que la memoria RAM es equivalente al espacio disponible en un depósito. El procesador sería el personal de logística encargado de mover, ordenar y despachar las cajas que en ese depósito queremos guardar.
Cuando la memoria es escasa -es decir que el depósito nos queda chico-, el personal tendrá que trabajar muchísimo más para encontrar un lugar en dónde acomodar las cosas. Aumentar la cantidad de memoria RAM sería el equivalente a alquilar un depósito de mayor tamaño. Bien ahí.
Pero si el personal es escaso, débil o haragán, llevarlo a un depósito más grande en el que moveremos más mercadería, no mejorará la situación: tendremos mucho más lugar para cargar información, pero el procesador de todas formas no es capaz de moverla eficientemente.
Entonces, antes de pensar en un aumento de memoria RAM, explorá las características del procesador que tiene tu computadora: una CPU de menos de 2 núcleos (Pentium o Sempron antiguos, por ejemplo), procesadores Intel Atom (2 núcleos de 1Ghz), la mayoría de los Intel Celeron o cualquiera que muestra velocidades de menos de 2Ghz hoy ya no estan a la altura ni para las tareas más básicas. Por supuesto que si tenés un equipo de esas características que aún te resulta funcional para lo que haces, aunque lento, no lo vas a tirar a la basura. Pero gastar dinero en intentar mejorarlo sería un desperdicio de recursos.
Los consejos más comunes II: Ponéle un SSD
Este debe ser uno de los pocos, sino el único, tema en que todos los técnicos podemos estar de acuerdo: un disco SSD (SATA, NVMe, PCI o M.2… cualquiera de sus versiones y formatos) siempre va a mejorar el rendimiento de un equipo comparado con un disco mecánico (el viejo y estimadísimo HD). No importan el resto de las características (procesador y memoria), la computadora funcionará más rápido.
Pero sucede que así y todo no siempre vale la pena la inversión en el cambio: ponerle un disco SSD a una netbook con procesador Intel Atom hará que un caracol se mueva con la agilidad de una babosa. Funcionará mejor? Sí, claro que sí. Pero el resultado final será una computadora que tampoco nos permite hacer demasiado frente al peso de los sistemas operativos y aplicaciones modernas. Lo dicho: dinero malgastado.
En equipos con procesadores de al menos 2 núcleos y velocidades superiores a los 2Ghz, en cambio, la mejora es notable. Claro que, como decía antes, tampoco hay que olvidar la memoria RAM: con un SSD la computadora ganará mucha mayor velocidad para acceder a los datos en el disco pero, si una vez que los lee, no tiene dónde acomodarlos en la memoria RAM para que el procesador los procese, hacemos agua. En estos días un estandar recomendable en cuanto a cantidad de memoria RAM es 8Gb, siendo ideales unos 16Gb y nunca menos de 4Gb.
Si fuiste tomando nota, entonces ya estás entendiendo la idea. Si tu equipo tiene un procesador de menos de 2 núcleos o de 2 núcleos con velocidad inferior a los 2Ghz, usalo hasta dónde puedas pero no gastes tus ahorros en intentar mejorarlo. En cambio, si tu procesador cumple al menos esos requisitos mínimos, un disco SSD y 4Gb de RAM (mejor 8Gb, claro, si el motherboard los admite), serían una buena inversión.
Los consejos más comunes III: Cambiále el procesador
En la mayoría de los casos: imposible. No son muchos los modelos de notebooks cuyos motherboards admiten cambio de procesadores. En las computadoras de escritorio, más amigables con los remplazos, podría hacerse pero termina siendo caro, complejo y, otra vez, la mejora que se obtenga puede no ser proporcional a la inversión. Tené en cuenta que el formato del zócalo en que viene instalado un procesador, mayoritariamente sólo es compatible con procesadores de su misma edición: Un Intel i3 de serie 2000, podra quizás remplazarse por un i5 o i7 de la misma serie, pero nunca por un procesador mucho más moderno. Esto hace que a la hora de comprar el remplazo, nos encontremos justamente con que no lo conseguimos, o lo conseguimos pero es definitavamente muy usado (aunque el vendedor diga lo contrario…) y casi siempre proviene de un equipo que por alguna falla catastrófica fue desmantelado. Y además, para peor, suelen ser muy caros en comparación con procesadores nuevos. Viejo, usado, no se puede saber en qué condiciones y caro. Peor idea que comprarlo, no se me ocurre.
Obviamente si cambias el procesador deberías aumentar la cantidad de memoria RAM y revisar que la fuente de alimentación tenga la potencia suficiente para el mayor consumo: muchos equipos antiguos con procesadores pequeños, traen fuentes de menos de 400W. Además de que con el uso es altamente probable que esa fuente ya no esté en las mejores condiciones, un procesador de mayor poder, requiere más alimentación y podría sobre exigirla y liquidarla en poco tiempo.
Entonces ya debemos sumar a la cuenta un nuevo procesador, una nueva fuente y una nueva placa de RAM. Y no vas a cambiar el disco? Dale, anotalo. Entonces tenemos procesador, RAM, fuente y disco… vamos, que lo único que estás conservando casi es el gabinete. Bueno, el motherboard tambien… pero no sería raro que si no está en su mejor momento, en cuanto la nueva instalación empiece a exigirle más, perezca en la faena.
Conclusión: antes de encarar el cambio de procesador es importante hacer una muy buena revisión del estado de todos los componentes para no terminar gastando una montaña de dinero en componentes y mano de obra para finalmente quedarte con una computadora quemada que nuevamente requiera servicio técnico.
Y hacer muy bien las cuentas: si el gasto de llevar una PC de la Edad de Piedra a la Edad de Bronce se acerca al 50% del valor de un equipo medianamente actual, no estarías haciendo una bien inversión.
En especial si tenés en cuenta las malas noticias que vienen a continuación.
Compatibilidad con sistemas y aplicaciones actuales
Hasta la llegada de Windows 11 los usuarios de PC estábamos acostumbrados a actualizar nuestras computadoras ad infinitum. Porque, a diferencia de lo que siempre ocurrió en el universo Apple, uno con Windows podía ir actualizando sistema tras sistema sobre la misma computadora y así es que a diario me cruzo con equipos que originalmente salieron de una tienda con Windows XP y hoy día orgullosamente corren (o renguean o se arrastran, pero funcionan) con Windows 10.
Pero Windows 11 terminó con la alegría: los importantes cambios en la tecnología de sus entrañas, la priorización de la seguridad en el sistema y la integración de IA hacen que sólo sea compatible con procesadores de tecnología igual de moderna y actualizada. Y aunque mediante trucos es posible instalarlo y hacerlo funcionar en computadoras que no cumplen los requisitos, esto ya no podrá hacerse en breve, con la llegada del Windows 11 24H2.
Esto tiene que ser una variable más en la ecuación a la hora de hacer tus cálculos: la inversión en actualizar el equipo, durante cuanto tiempo podrás amortizarla hasta quedarte con un dispositivo totalmente incompatible con el entorno en que quieras usarlo?
Por último te sugiero completar tu información con la lectura de Como elegir una computadora en junio de 2024?, que seguramente te ayudará a la hora de evaluar la conveniencia de invertir en una actualización, teniendo en cuenta cuáles estan siendo hoy los requerimientos mínimos de los sistemas que asoman en el horizonte.
Salute!