Mucha IA, pero de casi todo no sabemos nada
Discutimos en la oficina sobre si ChatGPT es mejor que Copilot, que Siri le pasa el trapo a Gemini y como usamos IA para responder consultas.
Que si Filmora hace lo mismo que Premiere, que si el nuevo iPhone es una herramienta de trabajo imprescindible e incomparable con cualquier otro, o que Windows Defender no sirve para nada y entonces instalamos RAV Endpoint…
Utilizamos entonces con soltura las herramientas más novedosas que la tecnología nos tira sobre la mesa pero, en lo básico, seguimos siendo tan brutos como siembre. Baste como ejemplo simplemente ver a diario las noticias de estafados en compras por internet, víctimas del robo de datos por engaños a través de Whatsapp, computadoras dañadas que caen a mis manos porque les han instalado mágicas aplicaciones gratuitas que ya desde su presentación no auguran más que patrañas y así podría seguir enumerando una interminable lista de situaciones que muestran que, por mucho que la tecnología y la modernidad iluminen nuestras vidas, la penumbra de nuestra torpeza humana ensombrece el horizonte cual tormenta de verano. Mejor ir cerrando las ventanas…
Robo de datos
Lo dicho: alardeamos de lo fácil y natural que nos resulta explotar ChatGPT para resolver tareas, desde las más simples a las más complejas. Pero seguimos entregando inocentemente nuestro código secreto de Whatsapp a desconocidos que nos engañan con poco esfuerzo y las más ridículas excusas. Y, para peor, el código que entregamos es el que viene en un mensaje encabezado con «NO COMPARTAS ESTE CÓDIGO CON NADIE«. Pero no hay caso, somos lo que somos.
Ofertas imperdibles
Es cierto que el ser humano no llegó a la cúspide de la cadena alimenticia por creerse un papanatas. Por el contrario, nos consideramos la joya de la evolución de la inteligencia. Pero tambien es cierto que no somos los reyes de la selva por buenos y generosos sino más bien lo contrario. Somos una especie inteligente, curiosa, ambiciosa, avara y astuta. Cualidades que estan repartidas entre nosotros de manera muy poco equitativa. Y para quienes se les ha otorgado una mayor porción de avaricia, siempre habrá alguno con exceso de astucia en su camino. Y así, te econtrás la publicación de un iPhone 17 Max Pro Súper Fashion por el precio de un tomate y te lanzás de cabeza. Estás robado, sin importar que media hora antes hayas resuelto la teoría de cuerdas usando ChatGPT.
Privacidad
En este tema habemos algunos que podríamos haber dado cátedra a Mata Hari. Navegando disciplinadamente en la oficina pero sin olvidar hacerlo en modo incógnito, conectándonos con los sitios más oscuros pero siempre a través de una VPN gratuita y posteando en redes sociales enmascarados en un seudónimo. Y además tapamos la webcam con una cinta y quitamos los permisos al micrófono de nuestro teléfono.
Guau… la capa de la invisibilidad de Harry Potter tiembla y suda de envidia ante nuestras artimañas.
Casi al mismo tiempo en que el gobierno, los delincuentes y las empresas que comercian con nuestros datos, se mueren de risa al vernos tan inocentes.
Comunicándonos
Hace algunos años, una conocida profesional del área del coaching laboral no ahorraba esfuerzos en intentar enseñar a sus discípulos y clientes a utilizar el correo electrónico de una manera racional y sensata. Acostumbrados al Messenger, la mayoría intercambiaba correos casi monosilábicos o de apenas una oración, manteniendo conversaciones como si fuesen en tiempo real, pero con el obvio delay del envío y la recepción de los correos.
Años despues, contando con el poderosísimo WhatsApp que nos permite contactar a alguien detallando casi sin límites y en un sólo mensaje exactamente lo que necesitamos, lo que debiera ser:
Estimado
Espero se encuentre bien.
Le escribo porque necesito un presupuesto para la compra de un kilo de zanahorias.
Saludos
-- Hola!
-- Por aquí todo muy bien, gracias por preguntar.
-- El Kg de Zanahorias cuesta $5.
-- Saludos cordiales.
… en realidad termina siendo…
Hola, cómo estás?
-- Hola! Muy bien y vos?
Todo bien por suerte!
-- me alegro...
Te puedo hacer una consulta?
-- Sí, claro, decíme...
Vendés zanahorias?
-- Sí.
Qué precio tienen?
-- $1000 la tonelada.
Tenés?
-- Cuántas?
1Kg.
-- Sí.
Precio?
-- Te saldrían $5 el kg.
Como ven, lo que antes se resolvía en 2 mensajes que entre idas y vueltas podía tomar 3 minutos, hoy, con mejores herramientas y mucha más experiencia tecnológica en nuestras mochilas, se ha transformado en una agotadora sucesión de mensajes estériles que, entre que tomamos el celu, escribimos, volvemos al instagram, escuchamos la llegada del siguiente mensaje, lo leemos, pensamos, lo respondemos, saltamos a Mercado Libre, recibimos el siguiente, no lo leemos porque estamos viviendo, ahora lo leemos y nos distrajimos con la Tv pero luego lo respondemos y para no perder tiempo, quedamos atentos a una respuesta que no llega sino 5 horas despues, precedida por un «disculpá, estuve ocupado…», y así. Quizás toda una jornada laboral de 2 personas consumida en una simple consulta que se resolvía con un único mensaje que incluyera lo que pretendíamos. Claro, concreto, directo. Tal como habíamos aprendido a hacerlo cuando de correspondencia postal se trataba: ante el esfuerzo de escribir y enviar una carta, más la demora de la entrega y aguardar la respuesta, sabíamos compilar nuestras ideas y todas nuestras inquietudes en un único mensaje. Y hoy, en lugar de potenciarnos con las nuevas herramientas de mensajería aprovechando todo lo aprendido, involucionamos a nivel primate caído de cabeza desde un árbol. Uno bien alto, parece…
Y los ejemplos expasperantes no tienen fin:
- Te puedo llamar? La pregunta implica que quien la hace reconoce cierta posible incorrección en interrumpir al otro con un llamado, o de lo contrario no preguntaría. Y entonces, si cree que puede ser molesto, pues que no llame y en lugar de enviar un mensaje preguntado aquello cuya respuesta ya sospecha, que vuelque en ese mismo mensaje el motivo de su contacto. Eficiencia y cortesía, todo en uno.
- Avisame cuando pueda hacerte una consulta. Casi, casi peor que el anterior. Un mail o un WhatsApp con ese texto es para mí como un grano de sal en el ojo. Debe quien lo recibe estar entonces pendiente de hacerse del tiempo para avisar que tiene disponibilidad para atender una consulta cuya complejidad en responder desconoce. Cómo sabría yo entonces en qué momento podría disponer del tiempo para resolver un problema que desconozco de qué se trata? Enviar la consulta directamente evita al otro el dilema paradójico, a la vez que además ahorrará tiempo a ambos.
- Me podrías ayudar con algo? Caramba… como saberlo? De qué se trata? Descontaminar Chernobyl? Resucitar a tu gato? Construir un puente transatlántico? Cambiar una lamparita? Qué se yo si puedo o no!
Claro que entiendo que muchos de estos modos de comunicación no son más que el reflejo de nuevas y modernas costumbres. Sé que para los más jóvenes llamar a alguien sin preguntar antes, es una falta de código imperdonable. Pero tambien entiendo que no entienden lo que yo entiendo. Antes llamábamos sabiendo que si no nos atendían, no era un buen momento para llamar. Y si nuestra insistencia continuaba sin ser respondida, pues no nos querían atender. Además, no teníamos otra manera de hacerlo. Hoy podes enviar un mensaje diciendo «cuando puedas llamame porque necesito hablar de X cosa«. Sentido común: cuando pueda hablar de X cosa, el otro te llama. Si no te llama, pues entendé que no puede o no quiere. Pero el mensaje fue claro.
Te puedo llamar? Merecería alguna de las siguientes respuestas:
- Sí, poder… podes. Pero no te voy a atender.
- Si es por la deuda, no.
- No sé… probá.
- Dale! Y yo puedo no contestarte?
Tecnología, que para eso la queríamos: para facilitar nuestra vida y no para volvernos más imbéciles. Que para eso está claro que no necesitamos de la cibernética, pues bastante bien nos la venimos arreglando solitos…
Salute!