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Allá lejos y hace tiempo, casi en la edad de Bronce, los primeros disco rígidos de gran tamaño tenían capacidades aún mayores que las que la mayoría de los sistemas operativos toleraban. Entonces, para aprovechar la totalidad del espacio disponible, se recurría a particionar los discos en varias unidades de menor tamaño.

Esto, además, siendo que los virus de la época solían ser bastante primitivos y hasta toscos, impedía que un archivo infectado en una unidad pudiera contagiarse a otras unidades o al menos esto era así en la generalidad de los casos.



Otra de las ventajas de particionar discos en aquellas épocas, era que las frecuentemente necesarias reinstalaciones de sistema operativo, si almacenabas tus archivos en una unidad diferente a la del sistema, no requería de engorrosos backups previos.

Hasta acá, todo muy cierto, por lo menos en aquel momento.

Tambien se argumentaba (y se sigue argumentando) que las particiones mejoraban el rendimiento del disco: si necesidad de ser un perito en la materia, basta un poco de sentido común para entender que esto no es ni nunca fue así. Un disco particionado sigue siendo una única pieza de hardware: hacer que se ocupe de más de una cosa a la vez sólo multiplica su esfuerzo y distribuye sus recursos entre varias operaciones… cada una de ellas, entonces, será más lenta y requerirá mayor esfuerzo que si debiera atender sólo una por vez. Explicación quizás básica y hasta bruta, pero se entiende, no?



Hoy, 2024, las cosas cambiaron un poquitín. Por ejemplo:

  • Los sistemas operativos de 64 bits pueden manejar espacios de almacenamiento y volúmenes de memoria superiores incluso a los que ofrecen las unidades de mayor tamaño.
  • A los virus nada les impide atacar y multiplicarse sobre todos tus archivos y los de sistema, aunque esten en unidades diferentes. Incluso en unidades de red y hasta en la nube pueden ser alcanzados.
  • Salvo casos excepcionales, incluso las unidades SSD más pequeñas suelen ser suficiente para almacenar la totalidad de los archivos de un usuario promedio. Esto hace que, excepto casos raramente disciplinados, uno guarde todo en las carpetas de usuario que por default trae configuradas el sistema operativo, en la unidad de sistema. Y si hubiese creada otra partición, esta permanecerá vacía, en desuso y desperdiciada permanentemente.
  • Esto, además provoca que el sistema operativo sobre exija aun más al disco, tratando de encontrar espacio para guardar sus datos de trabajo en una unidad atiborrada, mientras una enormidad de espacio está ahí, muerta de risa. Por lo tanto, aún disco medianamete nuevos comenzarán a fallar porque una pequeña porción está muchísimo más desgastada que el resto, cuando de no haber existido la partición la exigencia hubiese sido menor y el desgaste, mejor repartido.

Para el usuario promedio, casi la mayoría, entonces, las particiones no sólo no presentan mucha utilidad, sino que perjudican el rendimiento y vida útil del equipo.

Casos en los que SI usaría una partición:

Crear diferentes particiones para instalar en ellas diferentes sistemas operativos y así poder elegir con cuál se iniciará para usar mismo equipo con diferentes sistemas según la necesidad.
Crear las diferentes particiones con diferentes sistemas, tambien mejora la seguridad: mediante el uso de máquinas virtuales instaladas en la computadora, por ejemplo, podrías usar tu sistema Windows y almacenar tus archivos en una partición que corra Linux: los virus que afecten un sistema rara vez podrán propagarse al otro. De todas formas, la mejor forma de configurar un sistema de esta manera y no perder mucho rendimiento en el equipo de trabajo, sería usando dos equipos: el más potente para trabajar con Windows y uno menor para hacer las veces de servidor de almacenamiento en la red, corriendo Linux. Y si además le instalas algún software de administración de nube (NextCloud, por ejemplo), fantástico.


Conclusión:
Particiones? Ni hablar. Salvo en casos muy particulares.


Salute!



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