posteo

Nuevas campañas de malware no dejan de aparecer a diario y, casi como un ser vivo, van mutando en cada generación. Pero al contrario de lo esperado, parecieran proliferar fructíferas aquellas que involucionan. Digo, lejos de presentarse engaños cada vez más elaborados y cuidadosos en sus mínimos detalles, vuelven a mostrarse descuidados, sin esmero y hasta bizarros.


Cualquiera estaría tentado a pensar que esto contradice la selección natural y estas campañas desprolijas van camino a la extinción. Pero no. Nada que ver. Por el contrario prosperan y se multiplican y, pese a lo que podamos creer, cumplen a rajatablas las leyes naturales: como un individuo biológico, no gastan recursos cuando no es necesario. Y ciertamente los delincuentes han descubierto que no necesitan demasiado esmero para hacer caer en sus trampas a un número redituable de víctimas. Por eso, digo, nos vieron la cara de bobos.




Baste una mirada a las imágenes de esta nota para notar que ya ni se preocupan en disfrazar los correos como comunicaciones oficiales incluyendo logos, copiando diseños o al menos imitando la redacción de una comunicación real. La sóla mención de algunas palabras claves como multa, reintegro o la referencia a un monto de dinero son suficente para hacernos pisar el palito. Si la curiosidad mata al gato, la codicia y la estupidez hacen lo propio con los humanos.


Como dicen, la verdad no ofende. Y la verdad es que si continúan estas campañas masivas llenas de errores evidentes, poco cuidado en los detalles y hasta aparente desgano, no es porque los autores esten haraganeando, sino porque saben que aún con estos mamarrachos, atrapan a un número suficiente de víctimas sin necesidad de desperdiciar recursos ni tiempo en artimañas demasiado elaboradas.


El descuido y la haraganería mas bien parecen ser vicios nuestros: seguimos sin prestar atención a la dirección del remitente de un correo o a los liks que estos incluyen. Nos cuesta un Perú la simple precaución de contactar directamente por los canales oficiales a la entidad que supuestamente nos multa o comunica un reintegro monetario. Y eso, cuando no nos estamos creyendo más astutos que el lobo del cuento y, pretendiendo obtener un beneficio en base a un supuesto error de pago o envío de mercadería que nos nos correspondería, corremos presurosos a sus fauces.




Hace mucho sabemos que la web es una inmejorable pantalla para mentirosos. Cualquiera busca con lupa indicios de un filtro en la foto que publicó la vecina intentando descubrir el secreto de su eterna juventud. Examinamos con detenimiento si el yate de fondo en el Instagram de un fulano es un retoque digital, porque descreemos de su éxito. Ni hablar de las arduas investigaciones dignas de un agente de inteligencia que llevamos a cabo cuando de páginas de citas se trata. Pero cuando nos tientan con una oferta imposible, quedarnos con el paquete de otro o amenazan con cobrarnos una infracción de tránsito aunque no tengamos auto, entramos como caballos.


Los descuidados no son los delincuentes, sino nosotros. Y nos vieron la cara…


Salute!



Gracias por compartir!